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Tomado de: http://www.nacion.com/mundo/europa/Islandia-candidatura-ingreso-Union-Europea_0_1474852624.html

Islandia retira candidatura de ingreso a la Unión Europea

Islandia anunció este jueves que retira su candidatura al ingreso a la Unión Europea (UE), dos años después de la llegada al poder de un gobierno euroescéptico de centro derecha que prometió ponerle fin al proceso lanzado en 2009.

El ministro de Relaciones Exteriores, Gunnar Bragi Sveinsson, indicó en un comunicado que había dado a conocer esta decisión a Letonia, país presidente de turno de la UE, que a su vez dio parte a la Comisión Europea.

"Los intereses de Islandia están mejor defendidos fuera de la Unión Europea", dijo el ministerio en su página web.

Un gobierno de izquierda había presentado la candidatura en 2011, cuando la grave crisis financiera había quitado la confianza a los ciudadanos en sus instituciones y suscitado el interés por entrar en la zona euro, ante la caída del valor de la corona islandesa.

Tras esta decisión, un tema sigue en suspenso: cómo superar las discrepancias entre Bruselas y Reikiavik sobre las cuotas de pesca, pilar de la economía islandesa. El espinoso asunto jamás fue abordado durante las negociaciones de adhesión, que duraron de junio de 2011 a enero de 2013.

A su llegada al poder en abril de 2013, el centro derecha congeló las discusiones.

El Partido del Progreso (centrista y agrario) del primer ministro Sigmundur David Gunnlaugsson es profundamente antieuropeo, mientras que el Partido de la Independencia (conservador y cercano al mundo empresarial), más dividido, intentó imponer la idea de un referendo que finalmente no se producirá.

El gobierno islandés aseguró querer mantener "relaciones y una cooperación estrechas" con la UE, con la cual el país está ligado a través de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC) y la convención Schengen relativa a la libre circulación de personas.

 
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Tomado de: http://www.nacion.com/opinion/foros/soberania-magica_0_1475452472.html

La soberanía mágica

POR JAVIER SOLANA 

MADRID – La Unión Europea es un experimento político que ha llevado la integración democrática a niveles desconocidos en la historia. Sin imposiciones militares, basado en la libre voluntad de sus miembros, la UE se sitúa en la vanguardia de la innovación institucional. Por eso, desde esa perspectiva, no tiene sentido que unos –necesitados de ayuda financiera– actúen de manera unilateral aduciendo su condición de ‘soberanos’ y otros funcionen como simples acreedores ignorando el sufrimiento social que ha provocado la crisis. Hay que mover el marco del debate público europeo. Es urgente asentar un paradigma de cooperación leal entre socios y amigos, no entre rivales cuyas posiciones parecen irreconciliables.

El proceso de integración europeo ha sido, en lo fundamental, armonioso, ordenado y justo. Ahora, sin embargo, la larga crisis económica ha puesto en jaque los cimientos más profundos de nuestra unión. Hasta ahora, y gracias a fondos como los de cohesión, los países comparativamente menos ricos han recibido gran cantidad de recursos económicos que han mejorado su renta per cápita. La crisis ha cambiado las condiciones. La pertenencia a la UE se percibe como costosa por gran parte de esas sociedades.

Por ello, la demanda de “soberanía nacional” retorna con fuerza al debate público europeo. La victoria electoral de Syriza en Grecia y el auge de diferentes partidos de todo signo político en el resto de estados miembros lo pone de manifiesto. Todos ellos hablan de soberanía nacional frente a los llamados poderes exteriores, conformando un eje político transversal con un gran componente nacionalista. Es lo único que puede explicar la coalición de gobierno en Atenas.

En su discurso, “soberanía” se traduce como “empoderamiento” frente a instituciones percibidas como no democráticas. Equiparan la soberanía a la democracia. El mensaje seduce a ciudadanos de los países del sur que se sienten perdedores de una integración que perciben impositiva y rígida. También a ciudadanos del norte vulnerables a un mensaje simplista que asume el sur es un compendio de países derrochadores e irresponsables. La esencia de ese voto, al final, es el miedo a la globalización. Ciudadanos que, temerosos de perder las seguridades y recelosos de un mundo que no acaban de entender, se abrazan a un mensaje reduccionista pero comprensible.

Pero el mundo ya no es ni será el de Estados-nación cerrados en sí mismos. Tampoco en la Europa de la poscrisis. La amalgama heterogénea de partidos más o menos populistas no plantea bien los términos del debate. Su marco, basado en posiciones radicales, conduce a un paradigma del que debemos huir. Plantear el debate como si los dos extremos fueran las únicas opciones posibles –o integración impositiva o soberanía nacional absoluta– es falaz y peligroso.

No planteemos todo en términos de soberanía nacional absoluta o integración exclusivamente tecnocrática y coercitiva. Para ello, la UE debe apostar por la democratización de sus instituciones, como ya hizo con la designación de candidatos a presidir la Comisión. Esa es la senda.

Los Estados europeos son soberanos, y negocian entre sí como tales. Sin embargo, son mutuamente dependientes –o interdependientes–. A escala global ocurre lo mismo, pero en Europa es especialmente evidente. La actuación de cada uno de los Estados, soberanos, está condicionada por factores y actores externos. El Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE: fondo de rescate europeo) es un buen ejemplo. Debe entenderse en términos de proyecto colectivo, no como instrumento de dominación o confrontación. Los recursos del MEDE son de todos, y los efectos negativos de la quiebra de uno de sus miembros afectan también a todos. Sin olvidar que el sufrimiento de los países con necesidad de ayuda financiera es responsabilidad de todos. Es la esencia de nuestra interdependencia.

Pero la interdependencia no solo deriva de compartir moneda. También es consecuencia de múltiples interacciones socio-económicas, propias de un espacio compartido como es la Unión Europea. La UE ha vehiculado enormes transferencias económicas entre sus miembros mediante los fondos de cohesión. Quien más tenía ha aportado ingentes cantidades de dinero a quien menos tenía a lo largo de décadas. Fueron gobiernos democráticos y soberanos los que lo hicieron, tanto los que daban como los que recibían.

Fue también un gobierno soberano griego el que solicitó un rescate a sus socios europeos. Como el portugués, el chipriota o el irlandés. Grecia, de hecho, ha recibido ya hasta un 117% de su PIB en ayudas, Chipre el 55,9%, Irlanda el 45,1% y Portugal el 46,6% de su PIB. España recibió el equivalente al 3,9% de su PIB en forma de rescate bancario. No se puede plantear hoy la soberanía como una suerte de comodín al que recurrir para, solo con nombrarla, hacer desaparecer los problemas. La “soberanía mágica” es una falacia intelectual, una quimera política y una frustración social. El debate no se puede desligar de la interdependencia ni de la responsabilidad que esta conlleva. En todas las partes, sean acreedores o deudores.

La soberanía no elimina la dependencia. Ni la sustituye. Las malas decisiones soberanas conllevan más dependencia en el futuro. Sobre todo si se solicita ayuda a terceros para enmendar errores propios. Debemos operar en otro paradigma, donde no se rompan los pactos en base a la soberanía mágica ni se asuma que aportar recursos al fondo de rescate signifique empobrecimiento nacional. Los recursos que aporta cada país no se detraen de las pensiones públicas. Igual que cuando se han recibido fondos de cohesión durante décadas no se estaba condenando a la pobreza a los socios más ricos; todo lo contrario, les beneficiaba al estabilizar su periferia y crear socios comerciales solventes donde exportar y asentar su mercado.

Basta de recurrir a la “soberanía mágica”. Grecia, como otros países, debe aspirar a equilibrar su interdependencia. Equilibrar las fuerzas y no avivar fuegos tan peligrosos como los nacionalismos excluyentes y el miedo al diferente. La solución no está en los Estados-nación, ni en el enroque nacionalista. Como reconocido finalmente hace unos días el primer ministro griego, Alexis Tsipras, “Europa es un espacio para la negociación y los compromisos beneficiosos para ambas partes”. Estar juntos es una elección libre. Y acertada. El repliegue nacional, apelando a los instintos primarios de los electorados es un error que puede llevar a finales indeseados. Europa debe trabajar en las identidades múltiples que definía Amartya Sen. Seamos del norte o del sur, finlandeses o griegos, austriacos o portugueses, todos somos europeos. Eso nos enriquece y nos permite crecer. Es nuestra garantía de desarrollo y prosperidad individual y colectiva.

Javier Solana, distinguido senior fellow de Brookings Institution y presidente del Centro de Economía y Geopolítica Global de ESADE. © Project Syndicate 1995–2015


 
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Lunes, 28 de Julio de 2014 23:16

Tomado de:  http://www.nacion.com/opinion/foros/Europa-mundo-multipolar_0_1422657726.html

Europa en un mundo multipolar

BERLÍN – Un aspecto de la crisis en Ucrania que Rusia y Occidente tienen que entender es que al resto del mundo parece no interesarle el tema del todo. Aunque Occidente, junto con Japón, pueden considerar la crisis como un desafío al orden mundial, la mayoría de los demás Estados no se sienten en riesgo por la anexión de Crimea por Rusia u otros proyectos que tenga en ese país. En cambio, muchos perciben la crisis principalmente como la incapacidad de Europa para resolver sus propias disputas regionales, aunque un resultado exitoso podría dar un impulso a la influencia de Europa en el mundo como actor de mantenimiento de la paz.

A medida que la crisis en Ucrania se desarrollaba, en Rusia los responsables del diseño de políticas y comentaristas hablaban del “final de la era de la posguerra fría”, mientras que el viceprimer ministro ruso, Dimitri Rogozin, incluso parecía dar la bienvenida al comienzo de la nueva Guerra Fría. Dichos deseos se basan en la idea de que un conflicto entre Rusia y Occidente definiría, una vez más, todo el sistema internacional, lo que daría así nuevamente a Rusia su estatus de superpotencia.

Sin embargo, lo anterior no va a suceder. Como lo muestran las reacciones de las potencias emergentes a la crisis en Ucrania, la política mundial ya no está definida por lo que sucede en Europa, incluso cuando se está gestando allí un conflicto mayor. El sistema internacional se ha vuelto tan multipolar que ningún Estado no europeo puede ahora elegir velar por sus propios intereses en lugar de sentir la obligación de apoyar a Oriente u Occidente.

Solo unos cuantos dirigentes dudan de que el uso de la fuerza de Rusia para poner en riesgo la integridad territorial de Ucrania, cambiar sus fronteras y anexarse Crimea violara el derecho internacional. La abstención de China en el voto subsecuente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas claramente mostró el malestar de sus dirigentes con la política del Kremlin. Sin embargo, casi un tercio de los miembros de las Naciones Unidas enviaron un mensaje igualmente contundente mediante su abstención o no participación en el voto de la Asamblea General para condenar las acciones de Rusia.

Incluso los Gobiernos amigos de Occidente –incluido Brasil, India, Sudáfrica e Israel– no estaban preparados para apoyar a una u otra parte. La periodista de India, Indrani Bagchi, consideró las abstenciones como una nueva forma de no alineación.

El cinismo y el schadenfreude también pueden tener una influencia. Raja Mohan, prominente estratega indio, señala que Europa “nunca ha dejado de dar lecciones a Asia sobre las virtudes del regionalismo”, pero ahora parece incapaz de lidiar con sus propios desafíos regionales de seguridad.

El mensaje implícito de la nueva tendencia de no alineación es directo: ¿por qué nos debe importar el conflicto territorial en Europa cuando los europeos no logran actuar enérgicamente en Palestina, Cachemira o en las disputas territoriales por el mar de China Oriental y el mar de China Meridional? En cambio, muchos de estos países están llamando a Occidente a apaciguar la crisis y, como se pidió en una declaración oficial china del Ministerio de Asuntos Exteriores, “mostrarse prudente y no provocar un aumento de las tensiones”. Se trata de un buen consejo, y no es diferente de lo que los europeos recomiendan a otros en situaciones similares. Sin embargo, a diferencia de otras regiones del mundo, Europa, incluida Rusia, puede estar orgullosa de sus organizaciones de seguridad regional, como la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Europa necesita garantizar su funcionamiento.

Por ejemplo, la OSCE ganaría una gran fuerza si, mediante su amplio abanico de mecanismos diplomáticos (como mesas de negociación y apoyo durante reformas constitucionales), lograra mitigar la crisis en Ucrania, lo que, por ende, fortalecería la seguridad europea. Al llevarlo a cabo, también se ofrecería un ejemplo poderoso de regionalismo institucionalizado que podría servir de modelo de resolución de conflictos a otros países.

Alternativamente, si Europa es incapaz de resolver con diplomacia la crisis en Ucrania, su influencia global, y la de Rusia, sin duda desaparecerá. Rusia ha mostrado al mundo que es posible acosar a sus vecinos y robar su territorio mediante la fuerza bruta, pero en un sistema multipolar globalizado, esto no será suficiente para sumar otros países a su causa. Además, la Unión Europea (UE), como un tigre de papel muy sofisticado, no sería más atractivo.

Los Estados miembros de la UE no tienen interés en dejar que el continente retorne al nacionalismo étnico y la política del poder. La crisis en Ucrania es por ende un desafío y al mismo tiempo una oportunidad. Si Europa quiere seguir siendo un polo en el sistema internacional multipolar, tiene que probar que puede emprender una política exterior y de seguridad común, en especial en tiempos de crisis y conflicto.

Esto significa que la UE debe surgir de la crisis en Ucrania con un compromiso más fuerte hacia la defensa común y la planificación de contingencias conjunta, y una política energética unificada que garantice independencia de Rusia en cuanto al gas y el petróleo. Sin embargo, Europa también tiene que mostrar que tiene la capacidad y la decisión de defender los principios de las relaciones internaciones basadas en normas.

Mantener y fortalecer los pilares de defensa común de Europa no es una tarea sencilla, pero las organizaciones de seguridad multilaterales como la OSCE no están diseñadas para actuar en tiempos pacíficos. Tienen el objetivo de proteger a los miembros de la manipulación y la agresión, de una forma que permita reunir apoyo mundial. En este sentido, el principal deber de Europa ahora es potenciar sus considerables activos estratégicos.

Volker Perthes es presidente y director de Stiftung Wissenschaft und Politik, Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad (The German Institute for International and Security Affairs). © Project Syndicate.

 
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Noticias - Unión Europea
Domingo, 01 de Junio de 2014 22:41

Tomado de: http://www.nacion.com/tecnologia/avances/Google-recibido-demandas-derecho-olvido_0_1417858270.html

Google ha recibido 12.000 demandas de 'derecho al olvido' en un día

Google recibió solo el viernes 12.000 demandas de internautas europeos para que sus nombres desaparezcan de su motor de búsqueda, dijo el sábado a la AFP un portavoz del grupo en Alemania.

Confirmó así un dato adelantado por el semanario Der Spiegel. 

El gigante estadounidense, principal motor de búsqueda en Internet, ha puesto en línea un formulario accesible a los europeos para solicitar la supresión de los enlaces cuestionados en cumplimiento del fallo que emitió la justicia europea a mediados de mayo.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea estimó que los particulares tienen derecho a que se supriman de las búsquedas los enlaces con páginas que contienen información personal que les afecta, sobre todo si están anticuadas o son inexactas.

Las demandas de particulares serán examinadas individualmente, precisó Google.

La empresa no se ha manifestado sobre el tiempo que llevará suprimir los enlaces, pues dependerá de la fundamento de la demanda.

La creación de este derecho al olvido digital responde a un temor creciente de los internautas de controlar su reputación en internet, que en Europa se suma a la preocupación sobre la protección de información personal.

En este sentido, se trata de un desafío a Estados Unidos en general y de Google en particular.

 
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Noticias - Unión Europea
Domingo, 01 de Junio de 2014 22:39

Tomado de: http://www.fayerwayer.com/2014/05/formulario-google-derecho-olvido/?utm_content=buffer9a27b&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

Google hace fácil "olvidar" en Europa

En un caso sin precedentes, el Tribunal de Justicia de la Unión Europeasentenció en mayo que Google debía eliminar resultados si había personas no querían aparecer indexadas en ellos. El llamado derecho al olvido, iniciado en España, logró hacerse fuerte al obligar al buscador a reaccionar.

La realidad es que, al poco de ser conocida esa sentencia, el buscador ya está recibiendo peticiones para eliminar contenido. Esto ha abierto una gran brecha sobre la neutralidad del buscador, ya que se trata de una herramienta que busca en páginas de internet. La lógica nos dice que deberían ser esas páginas las que retiren el contenido para que Google deje de indexarlos, pero la justicia europea no lo ha visto de esta forma.

Google ya ha dispuesto un formulario para ejercer el derecho al olvido en Europa. Este formulario se puede usar exclusivamente por residentes europeos y se supone hace “más sencilla” la eliminación, aunque esto será un trabajo manual que Google deberá revisar caso a caso.

El formulario pide datos como nombres y apellidos, dirección de email, una identificación con fotografía europea, explicar el motivo por el que una URL debería ser eliminada o censurada del buscador o por qué el resultado de búsqueda es irrelevante, inapropiada o está desactualizada.

Una vez que haya enviado este formulario, podremos reenviar su solicitud, junto con información complementaria, a la autoridad de protección de datos pertinente, así como informar al webmaster en cuestión cuyo contenido se retire de los resultados de búsqueda a consecuencia de su reclamación.

Google se cubre las espaldas burocráticamente para eliminar información del buscador. No sólo debes rellenar un formulario explicando convenientemente cada caso concreto, si no que informarán a las autoridades de protección de datos de cada país en el caso de llevarse a cabo una censura. Incluso, podrían contactar con el responsable de la web a censurar para que pueda discutir la retirada.

Esto es especialmente preocupante cuando se trata de medios de información. Cuando una noticia quizá ya no sea relevante, pero se trata de un hecho histórico,este formulario podría usarse de una mala forma, como para evitar que el nombre de una persona en concreto quede en los resultados de Google.

Por último, Google informará en los resultados que algunas páginas han sido retiradas a petición del demandante, de la misma forma que lo hacen con las peticiones de retiradas por DMCA.

 
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